Tampoco debería parecer una solución improvisada, poco estética o incómoda.
Hoy en día, adaptar los baños del hotel para que cualquier persona —independientemente de su movilidad— pueda usarlos con autonomía es un gesto de respeto, responsabilidad y visión de futuro.
No tiene por qué significar barras frías ni puertas industriales. Se puede (y se debe) hacer accesibilidad con estilo. Porque adaptar no es renunciar. Es mejorar.